AL VUELO

by / Comentarios Desactivados en AL VUELO / 1 View / agosto 11, 2017

Por: Pegaso

Andaba yo volando sobre la colonia Jarachina Sur, una de las más populosas de Reynosa, donde la mayoría de los habitantes son gente que se vino de Veracruz en busca de una mejoría en su calidad de vida.

Luego de aterrizar en la placita del lugar, me fui caminando por uno de los pasillos, viendo cómo los chavos jugaban una cascarita de futbol en la minicancha, mientras las comadres platicaban despreocupadamente en las bancas o bajo la incipiente sombra de los encinos.

Me llamó la atención el hecho de que tres adolescentes venían caminando en sentido contrario, dialogando sobre no sé qué tema.

Solamente alcancé a escuchar que una de ellas decía: “Al rato nos vamos al panocheo”.

La frase dicha por una de las núbiles doncellas me sorprendió, aunque no tanto.

Por lo menos en los últimos diez años el lenguaje cotidiano ha sido influenciado por todo tipo de palabras y expresiones que antes eran consideradas como tabú, usadas por delincuentes y personas que no tienen ningún interés en el galano arte de la buena dicción.

La cultura del narco ha traído hasta nosotros nuevas formas de expresarnos. Y si bien el lenguaje del mexicano ya es florido de por sí, se agregan nuevas palabras y expresiones que anteriormente estaban prohibidas en público, pero que ahora se toman como algo completamente natural.

“Al rato nos vamos al panocheo”.

Sé que panocheo es un derivativo de la palabra que sirve al vulgo para definir la parte externa del órgano sexual femenino.

Hasta donde entiendo, tiene un significado parecido al de chisme, aunque la delincuencia organizada le ha dado un cariz más macabro.

En el submundo del narco, “panochón” es aquel sujeto que transmite información delicada para las organizaciones criminales, que pueden poner en riesgo sus operaciones, un informante, un chismoso. El panocheo es castigado con tablazos, amputaciones y hasta la muerte, según sea la gravedad del caso.

La palabreja es completamente misógina, pero ahora cada vez más la utiliza la gente común y corriente, sin importar edad o sexo.

Como ocurrió en su momento con la palabra “cantinflear”, es posible que dentro de poco el término “panochón” tenga su lugar en el Real Diccionario de la Lengua Española.

Tomando en cuenta el poder económico de sus principales usuarios, los de la delincuencia organizada, me imagino una escena donde uno de ellos se traslada hasta España como embajador plenipotenciario de un cártel mexicano y le dice a los acartonados y melifluos miembros de la Real Academia:

-Mira, plebe, ahí te va esta lana y pon la palabra “panochón” en el diccionario ese.

Luego, entonces, quedaría en letras de oro, escrita para la posteridad, la siguiente definición:

Panochón-ona: Persona que se dedica a divulgar información valiosa para la delincuencia organizada.

Y de ahí, sus derivativos:

Panocheo: Acción de transmitir información o datos referentes a actividades de la delincuencia organizada. Dícese también de las conversaciones banales entre cándidas chiquillas de Jarachina Sur.

Buscando en la red me topo con un diccionario abierto, que es algo así como Wikipedia donde cualquiera puede subir definiciones.

De acuerdo con esa fuente, la palabra significa: 1.- Persona comunicativa que le gusta estar al pendiente de los acontecimientos que pasen.  Ejemplo: “Pinche güerca panochona, siempre andas metida en lo que no te importa”.

2.- Persona que actúa de forma exagerada.

3.- Persona que se mete en asuntos que no le incumben.

4.- Persona que quiere llamar la atención.

El autor de tan refinadas definiciones es un linguista tamaulipeco que se autonombra “Pepe Panochón”.

Y como yo no acostumbro el panocheo y no quiero convertirme en panochón, aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso: “¿Es posible que con tal cavidad bucal ingieras tus alimentos?”.(¿Y con esa boquita comes?)

Nota de la redacción: La lectura de esta colaboración no es para mentalidades susceptibles, curas, persignados o damas de sociedad.