“El complot mongol”: absurda y carente de sentido

by / Comentarios desactivados en “El complot mongol”: absurda y carente de sentido / 8 View / abril 28, 2019

Por: Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (apro), 25 de Abril de 2019

Dirigida por Sebastián Del Amo, El complot mongol (México, 2019) es una mala adaptación de la magnífica novela de género negro escrita por Rafael Bernal.

El problema principal de la cinta es su tono, y es que el texto original es género negro y la película está en tono de comedia, el cual no aporta a la historia ni a la profundidad del personaje principal.

La dispersión con la que Del Amo lleva a cabo la historia hace que la película oscile entre una cinta noir con toques cómicos, pasando por la farsa, la comedia tradicional, la comedia romántica y la comedia negra, en fin, un pastiche de ocurrencias que opacan la esencia de la historia.

La trama, ubicada en los años 60 en la Ciudad de México, gira en torno a un asesino llamado Filiberto García (Damián Alcázar), quien hace el trabajo sucio de la policía. El jefe de Filiberto, conocido como El coronel (Chabelo), junto con otra figura poderosa –el Lic. Del Valle (Eugenio Derbez) –, le encarga al susodicho que investigue un supuesto complot armando por los chinos para asesinar al presidente de los Estados Unidos en su próxima visita a nuestro país.

Filiberto tiene contactos con gente del barrio chino, por lo que será muy fácil descubrir qué está pasando. Sin embargo, durante el proceso de investigación que involucra a agentes de Estados Unidos y Rusia, Filiberto descubrirá otro complot y se enredará de manera casi innevitable con una bella chinita en desgracia llamada Martita Fong (Bárbara Mori).

La película genera la percepción de que el pastiche cinematorgáfico de Del Amo es más por una falta de experiencia en el manejo de los géneros, que por una arriesgada propuesta de autor. Al final, es una propuesta absurda y carente de sentido.

Detalle curioso: El director hace un guiño a la cinta Bastardos sin gloria, de Quentin Tarantino –a través del actor Hugo Stiglitz–, que parece implicar cierta complicidad artística. Si es así, hay que mencionar que no, que el trabajo de Del Amo no se acerca al de Tarantino.

Las caracterizaciones y actuaciones caricaturescas están bien y de vez en cuando arrancan una risa al espectador, pero en su conjunto no tiene sentido ni aportan a la historia: el Filiberto de la cinta está lejos de ser ese asesino primario, amargado, machista y misógeno que encuentra en Martita a la bella capaz de domarlo y que la abre la puerta a otro tipo de vida; el Filiberto de la película es un sujeto caricaturesco, dicharachero, simpático que es capaz de matar porque así está en el guión, y cuya relación con Martita se da de manera casual pero carece de la belleza poética de la novela.

La ambientación de la historia parece adecuada, es decir, dentro de lo que se nos dejó ver, y es que predominan los planos cerrados y los close ups encuadres que no nos dejan apreciar el diseño de arte, además de que no funcionan para la comedia; en la fotografía sobresalen los colores intensos como para compesar lo que no vemos en los sets. Además, presenta algunos claroscuros que no necesariamente hacen de la cinta un film noir.