VICTORIA Y ANEXAS

by / Comentarios Desactivados en VICTORIA Y ANEXAS / 2 View / agosto 11, 2017

Por: Ambrocio López Gutiérrez

– DE LOS ALPES AL VATICANO

El mar del norte, el Rhin lleno de historia y paisaje sirvieron de marco digno para ingresar en un breve tramo de Alemania y así llegar a Suiza donde quedamos impresionados por el clima delicioso, a pesar de que era pleno verano, pero también nos llenaron la vista y el alma los grandes lagos, las laderas floridas con construcciones en los cerros y sus ciudades modernísimas como Zürich y Lucerna donde nos dimos un banquete de vistas medievales, además de alimentar la nostalgia ya que estuvimos en la tierra de Heidi cuya historieta seguimos en la televisión durante la niñez y adolescencia.

Para despedirnos de Suiza nada mejor que Los Alpes Majestuosos pero al final de ese segundo tramo del viaje por Europa nos esperaba la eterna Roma y, por supuesto, Ciudad del Vaticano donde visitaríamos los museos sacros, escucharíamos misa dominical en la Basílica de San Pedro y asistiríamos, junto a miles de peregrinos de todo el mundo, al mensaje del Papa Francisco con quien rezamos el Ángelus después de lo cual dirigió un mensaje centrado en la condena del catolicismo a la trata de personas y nos regresaríamos a Ciudad Victoria con la bendición de nuestro pastor latinoamericano.

Pero antes de llegar a la ciudad de los Césares tuvimos que visitar Venecia, antigua ciudad instalada sobre el agua y que fue sede de una república que dominó toda la península itálica, buena parte de Europa y la antigua Constantinopla de donde trajeron el oro que aun adorna su impresionante catedral donde de inmediato se hizo la aclaración que el precioso metal no llegó de tierras americanas sino de oriente donde dominaban los venecianos desde antes del viaje de Colón.

El autobús se quedó en tierra firme, cruzamos la laguna hasta el muelle principal de Venecia desde donde caminamos cruzando puentes que unen las diferentes islas que forman la ciudad y cuando pasamos el puente de los suspiros se disipó un poco el romanticismo ya que mucha gente cree que se llama así por los enamorados, sin embargo, se nos dijo que en una de las islas estaban los tribunales donde se condenaba a los presuntos delincuentes en la antigüedad quienes, luego de escuchar sus sentencias, se dirigían a las mazmorras suspirando por el largo tiempo en que estarían alejados de sus seres queridos; es decir, los suspiros que le dieron nombre al puente veneciano no eran de amor, eran de sufrimiento.

De Venecia partimos a Florencia donde, aparte de las instalaciones religiosas antiquísimos, tienen museos donde presumen a las variadas figuras artísticas, literarias y científicas que definieron a la ciudad como cuna del renacimiento y como evidencia, frente a la sede del gobierno regional de La Toscana, se pueden apreciar diversas copias de esculturas de Miguel Ángel, entre ellas la famosísima del David, además de las figuras de personajes florentinos célebres como el pintor, escultor, arquitecto e inventor Leonardo da Vinci y el célebre asesor de los Médicis, el politólogo, sociólogo e historiador Nicolás Maquiavelo.

Otro ilustre ciudadano fue Dante Alighieri, el autor de la Divina Comedia, a quien se considera como el “inventor” del actual idioma italiano porque tuvo el tino para utilizar en su máxima obra literaria una rica mezcla de todas las lenguas que se hablaban en la península lo cual facilitó que el libro se difundiera rápidamente porque en todos los territorios podían entender los textos; pues bien, Dante tiene una estatua monumental junto a una gran iglesia donde es venerado por sus coterráneos florentinos y por miles de turistas que se toman la foto.

Siendo verano, Roma nos recibió con clima primaveral y, aunque ya habíamos ido a los museos vaticanos hace pocos años, los disfrutamos como la primera vez, sobre todo la Capilla Sixtina (fue mandada hacer por el Papa Sixto) que es la más visitada, sin embargo, la tarde completa y la mañana del día siguiente que les dedicamos a los espacios culturales del Vaticano, fueron insuficientes ya que esos museos poseen un patrimonio cultural impresionante.

Esta vez en la Basílica de San Pedro (hay que tocarle los pies para regresar) todo estaba más organizado porque había más libertad para los turistas a los que sólo les interesa ver y tomar fotos, pero también para los católicos que deseaban hacer oración ante el Santísimo o asistir a alguna misa porque las medidas de seguridad eran más laxas y los vigilantes daban indicaciones en varios idiomas.

Estuvimos sólo cinco días en Roma, los que fueron suficientes para admirar ese gran museo abierto, pero también sus museos temáticos, pudimos perdernos (y encontrarnos) en sus callejuelas, tanto en su parte urbana más antigua y tradicional como en el Trastévere como se le conoce a la zona ubicada al otro lado del río Tíber donde también admiramos numerosas iglesias.

El domingo que nos tocó ver al Papa nos acompañaba un matrimonio peruano con quienes platicamos ya que él admiraba a Agustín Lara y me preguntó si aún vivía; se puso algo triste cuando le informé que el músico-poeta murió hace muchos años.