by / Comentarios desactivados en / 14 View / mayo 6, 2019

Por: Pegaso​

Acá, en mi búnker, entre cúmulos, nimbus y estratos, me puse a repasar la vida y obra de Nicolás Maquiavelo.​

Diplomático, funcionario, filósofo y escritor italiano, es considerado el padre de la ciencia política moderna, aunque nació en plena época del Renacimiento, en Florencia, Italia.​

Fue autor de El Príncipe, compendio de pensamientos y acciones prácticas sobre cómo conseguir y mantener el poder.​

Se le atribuye la frase “El fin justifica los medios”, pero también aquel pensamiento que dice que un príncipe (o gobernante) tiene dos formas de lograrlo: O siendo amado o siendo temido.​

En la época actual tenemos varios ejemplos de gobiernos que pusieron en práctica la segunda opción. El más actual y reciente es el de Nicolás Maduro en Venezuela, o Fidel Castro en su momento, en Cuba, quienes implementaron una dictadura en sus respectivos países y ya vemos cómo les fue a esos pueblos.​

Esto no es de Maquiavelo, sino de Pegaso. Siempre que algo entra a la fuerza, de improviso, sin saliva, crea un shock que produce una convulsión social​

Lo digo porque no es prudente tratar de imponer un régimen dictatorial así, a lo bruto, sin pasar por un estado intermedio ni preparar a la gente.​

La corrupción siempre estuvo presente en dependencias federales, estatales y municipales. Correr de improviso a miles de empleados que se presume forman parte de esa cadena de corrupción, sólo dejará en la ruina a muchas familias. La corrupción fue un modo de vida para el pueblo mexicano desde hace muchos años. Ya lo decían los sabios pensadores de la política de los años setenta: “La corrupción somos todos” y “Cada mexicano tiene una mano en el bolsillo de otro mexicano”.​

Si algo nos ha enseñado la historia es que existen mecanismos de compensación. El agente de tránsito que no recibe un sueldo decoroso, va a “morder” a los automovilistas. Los automovilistas, por no tomarse la molestia de ir a pagar a la Delegación y ahorrarse unos pesos, entrega la cantidad que le pide el cumplido policía vial.​

Y en todos los ámbitos era lo mismo.​

No sé si sigue habiendo “moches” en las oficinas públicas, pero siempre es más recomendable empezar a barrer la escalera de arriba hacia abajo, escalón por escalón, que querer barrer todo con una sola pasada de la escoba.​

Entiendo que el Pejidente es un hombre que busca acabar y combatir ese flagelo, pero en esa tarea pienso que está solo, porque muchos de sus colaboradores ya han sacado sus afiladas uñas y siguen peleándose el reparto del botín.​

En Maquiavelo podemos encontrar también muchos aforismos y consejas que nos pueden orientar sobre el rumbo que puede estar tomando nuestro país.​

Decía que un gobernante debe tener una mano de hierro y otra de terciopelo.​

No sé por qué presiento que el Pejidente AMLO está siguiendo los consejos del autor italiano, porque, por un lado, tiene a un brazo político suave, que es Yeidckol Polevnsky, al mando de su querido partido MORENA, y por el otro, un brazo duro encarnado en Ricardo Monreal, Presidente de facto del Congreso para golpear y fustigar a los enemigos políticos.​

El propio López Obrador utiliza un lenguaje doble. Por un lado, su República Amorosa, sus frases de amor y paz y la no confrontación; por el otro, las descalificaciones y ataques a medios de comjunicación, a quienes califica de “prensa fifí”. Esto está creando un clima que se enrarece cada vez más y puede desencadenar ataques a la libertad de prensa cada vez más violentos y frecuentes.​

Si el Pejidente o alguno de sus más cercanos consejeros y colaboradores están leyendo esta columna, les pido que le hagan llegar esta recomendación: Deje a un lado El Príncipe de Maquiavelo y mejor lea La República de Platón.​

Ahí dice quiénes y qué características tienen los individuos que deben gobernar un Estado.​

Platón, en base a las enseñanzas de su maestro Sócrates, distinguía cuatro tipo de personas, de acuerdo con su valor individuoal: De Oro, de Plata, de Cobre y de Hierro. Los hombres de oro son idóneos para gobernar, los de plata, para la guerra, los de cobre para el comercio y los de hierro para el trabajo artesanal.​

¿De qué metal son los que ahora están en el poder?​

Se los dejo de tarea.​

Por lo pronto, quédense con el refrán estilo Pegaso que dice: “En el bajel donde proporciona directrices el poseedor de la capitanía se abstiene de distribuir órdenes el personal de la tripulación”. (Donde manda capitán no gobierna marinero).