Abraham Mohamed, un gran periodista, del viejo Reynosa

by / Comentarios desactivados en Abraham Mohamed, un gran periodista, del viejo Reynosa / 6 View / agosto 1, 2020

Por: Alberto Guerra Salazar.
Colaboración especial.

En la década de los años 70, Abraham Mohamed Zamilpa era reportero en el vespertino de Reynosa, “El Tiempo”, y era tan precaria su condición económica, que dormía en las instalaciones del periódico, a veces tumbado en montones de papeles o encima de la mesa de formación.
Años después viajó al entonces llamado Distrito Federal para probar suerte, y consiguió triunfar en grande, gracias a sus habilidades en el oficio, su perseverancia, su simpatía innata y el emprendimiento.
Ha sido durante muchos años director general de la edición vespertina de Ovaciones y edita su propia revista, Candelero, que es el nombre de la columna de temas políticos que le ha dado celebridad, por sus primicias y el estilo personal.
El Colegio Internacional de Profesionistas le confirió recientemente el título de Doctor Honoris Causa, por sus 63 años de antigüedad en los medios de comunicación.
Abraham es una celebridad en el mundo periodístico nacional, porque ha sabido combinar sus talentos en el manejo de la letra impresa y las relaciones públicas. En un tramo de la gestión de Jesús Reyes Heroles como Secretario de Gobernación, usó el espacio del tamaulipeco para mandar mensajes cifrados.
Otro periodista tamaulipeco, pero victorense, don Francisco Flamarique, fue colaborador y asistente de Mohamed en la Ciudad de México durante muchos años, compartiendo con él las mieles del éxito.
Alguna vez platicó el señor Flamarique a colegas suyos de Reynosa, que estuvo postrado en cama durante una semana, por culpa de aceptar el reto de Abraham, de esquiar en la playa de Acapulco, sin tener la pericia necesaria. Los dolores no lo dejaban moverse.
Abraham Mohamed es producto de la cultura del esfuerzo. El Tiempo era un periódico modesto, que se editaba a las cinco de la tarde. Era propiedad de José El Jefe Espinosa, que radicaba en Matamoros.
Allí aprendió el oficio y lo perfeccionó en otras redacciones de periódicos de Nuevo Laredo, antes de volar más alto, en el Distrito Federal. 
El Tiempo dejó de editarse muchos años después de que él se trasladó a la Ciudad de México. Pepe Espinosa, el dueño, tuvo un accidente carretero y no sobrevivió a las secuelas de las heridas.
Cuando eso ocurrió se quedaron con el mercado vespertino, La Tarde, que empezó a circular en mayo de 1971, y Noticias de Reynosa, más antiguo, de don Mario Martínez García.
Los reporteros de la época dejaron constancia con sus notas, de la historia de Reynosa y de su progresivo desarrollo y desenvolvimiento. Se editaban El Mañana, bajo la dirección de su fundador, don Heriberto Deandar Amador, y La Prensa, en manos de Francisco Juaristi Juaristi.
Los reporteros que se peleaban todos los días la nota de ocho columnas, eran, entre otros, Mauro Pérez Galindo, Juan Ramos Rodríguez (empezó escribiendo de deportes, pero se especializó en temas políticos), Alberto Tea Guzmán, Benjamín Macías Palomino, José El Colorado Martínez.
También Roberto Martínez El Güilo; Joel Martínez Quiñones, Jaime Humberto Serrano, Carlos Soto Barrientos, Mario Castorena, David Olvera El Curro González, Felipe Valle López, Rodolfo Sarubbi Carballido.
Pedro Ontiveros Galván “cubría” las noticias de la región ribereña y era una celebridad. En alguna ocasión llegó hasta Nuevo Laredo y se puso a jugar dominó con sus amigos, en un bar.
Llovía a cántaros pero no le dieron importancia, hasta que Ontiveros abandonó el lugar para irse a descansar, y no encontró su flamante vehículo Volkswagen, pues la corriente del agua lo arrastró.
También fue un escándalo cuando se divertía en un centro nocturno de la zona rosa de Reynosa y se hizo de palabras con unos soldados por quítame estas pajas. Sacaron las armas, las accionaron y don Pedro sobrevivió con apuros. 
Los corresponsales en Ciudad Victoria, eran Víctor Manuel Calzado por el Mañana, y Manuel M. Flores, por La Prensa.
Otros periodistas tamaulipecos también han conquistado el Distrito Federal. El caso más notable, nos parece, es el de Amado Treviño Olivares, que llegó a ser el director de comunicación social, del entonces Departamento del Distrito Federal, a cargo de Oscar Espinosa.
Bajo las órdenes de Amado se cultivó a un grupo de periodistas que tuvieron gran influencia en los asuntos políticos de la capital de la República.
Vicente El Chino Mack, de inolvidable presencia en Ciudad Victoria, fue cercano colaborador de Treviño Olivares.
Fernando Heftye Flores también tuvo relevancia en el ámbito periodístico. En el arranque de la gestión del Gobernador Manuel A. Ravizé, se desempeñó como director de comunicación social.
Era proverbial el buen humor del señor Heftye, que destacaba además por su gran 
estatura, corpulencia y su apariencia de vikingo. Escribió libros, entre otros, Los Tiempos del Petróleo, y Tengo que lavarme el pelo, y otras cosas.
Se quejaba con un dejo de picardía con sus amigos, de que cuando escribía en broma y para divertir, nadie lo tomaba en cuenta, y ahora que escribía en serio, les causaba risa.
Del rumbo de Matamoros surgió el periodista Enrique Bouloff Rivas, de la redacción de El Bravo, que escribía en el vespertino PM la columna “Tres minutos para todo”. 
Cuando su amigo y paisano Oscar Argüelles Gutiérrez fue nombrado como director general del Registro Nacional de Vehículos, lo jaló con él al Distrito Federal.
El Cucaracho, que así llamaban de cariño sus amigos a don Oscar, tronó al poco tiempo en el cargo, pero Bouloff ya se había relacionado con ejecutivos de la casa Excélsior y luego se coló a la oficina de prensa del gobierno metropolitano.
Frago Sandoval (en realidad se llamaba Francisco González Sandoval) se instaló en el Distrito Federal y se ligó con políticos, con tan buen tino que editó varios periódicos, uno de ellos sobrevive en Ciudad Victoria con el sello El Noticiero.
De hecho, este periódico, bajo la conducción del joven Héctor Sandoval, está en receso y tiene una edición digital, en espera de mejores tiempos.

(Agencia de Servicios Informativos).