DERROTERO

by / Comentarios desactivados en DERROTERO / 17 View / abril 10, 2014

Por Lucía Calderón

ALGO APESTA EN TAMAULIPAS    

“Las investigaciones que tenemos hasta ahorita nos arrojan que son blancos delincuenciales, han sido ejecuciones directas, están yendo sobre blancos específicos entre ellos mismos”.

Este párrafo corresponde a las declaraciones que diera el secretario general de Gobierno de Tamaulipas, Herminio Garza Palacios al informar sobre el conteo de personas asesinadas en los últimos días en Tamaulipas que sumaban hasta la tarde del miércoles 28 seres humanos ultimados en la vía pública, y que fueron publicadas ayer en el portal Animal Político.

En algunos portales de Internet se pueden observar las fotografías de las personas asesinadas. La mayor parte de ellos son hombres jóvenes, cuya vestimenta denota pobreza.

Según refiere el funcionario estatal existe la posibilidad de que una de las personas asesinadas no tuviera nada qué ver en el enfrentamiento, sería ésta de las víctimas de la “ola expansiva”, como le llama el investigador de la UNAM, Luis Astorga, a las muertes de civiles inocentes o lo que en su momento de manera simple e irresponsable tildó el ex presidente Felipe Calderón de “daños colaterales”.

Con las declaraciones de Garza Palacios pareciera que el mensaje es que no nos preocupemos, como ya en repetidas ocasiones presidentes de la república, gobernadores y alcaldes han dicho refiriéndose a las muertes de personas relacionadas con el crimen organizado, porque todo se trata de un ajuste de cuentas entre ellos.

Esa declaración en lugar de tranquilizar atemoriza, porque tiene una connotación que indica la indiferencia y el egoísmo que se ha apoderado de los funcionarios públicos que ven los asesinatos entre bandas rivales como cosa normal.

Como si fuese normal perder la vida en la vía pública de manera violenta. Recuerdo que alguna vez el columnista Alberto Guerra escribió, cuando iniciaba esta vorágine de violencia, que no era posible que las fuerzas del orden privilegiaran matar a los presuntos delincuentes, en lugar de llevarlos a juicio.

Y alguien tal vez dirá que si están disparándose entre sí o enfrentándose con las autoridades el resultado lógico es lo que los maten, pero me pregunto, ¿ésta es la única vía posible para terminar con la violencia? ¿Responder con más violencia? Entonces, ¿cuándo se va a detener esa espiral? Cuándo, díganme señores que forman parte del gobierno, ¿cuándo?

Los asesinatos en la vía pública, los cadáveres tirados que alguna vez fueron personas con un nombre, son un ejemplo de la barbarie y de lo que explicaba la investigadora Benedicte Bull, quien analiza que en países como México ha disminuido la desigualdad económica, pero se ha incrementado la violencia.

Para esta investigadora la razón estriba en la colusión que existe entre empresarios-políticos y crimen organizado, que impiden que otras capas de la población tengan acceso a una mejor calidad de vida de manera legal y digna.

Porque, como ya lo mencioné en un párrafo anterior, las personas que vemos convertidas en cadáveres, la mayoría de las veces son gente de escasos recursos económicos, cuya, tal vez, única salida para salir de la pobreza fue enrolarse con las bandas de delincuentes.

Sin que esto suene a justificación lo que quiero resaltar es que después de tantos años de asesinatos en el país, ya es tiempo de que el gobierno se de cuenta que su estrategia contra el crimen no da resultado y que atribuirle a los delincuentes la ola de violencia, ya no es argumento válido, como tampoco lo es querer restarle importancia que en Tamaulipas sigan matándose personas en la vía pública, sean delincuentes o no.

Como dirían los jóvenes “algo apesta” en Tamaulipas y en México.

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