LA LEY DE HERODES

by / Comentarios desactivados en LA LEY DE HERODES / 49 View / mayo 9, 2014

Por Miguel Ángel Isidro

¡Es el Estado, estúpidos!

Como lo hemos señalado en entregas anteriores, referirse al complejo tema de la seguridad y sus distintos enfoques requiere primero que nada de mucha seriedad.

Y en este sentido, no nos referimos exclusivamente a lo que se vive en Tamaulipas, sino al contexto general de lo que acontece en México.

No se debe soslayar, para nada y bajo ninguna situación, aquello que afecta a la integridad, el patrimonio, pero sobre todo, la vida de los ciudadanos trabajadores y honestos.

Vivimos inmersos en la era de la información. Y en este contexto, a veces cuenta más lo que se dice que lo que se hace. Los ciudadanos nos hemos convertido en consumidores voraces de información, pero pobres a la hora de generar ideas, de hacer propuestas.

Para muchas personas, las cosas están mal porque la autoridad, consideran, no hace su tarea.

Para otras, lo que la autoridad realiza no es suficiente.

Todos coinciden en que la inseguridad nos perjudica a todos; al comerciante, al empresario, al estudiante, a la ama de casa.

Sin embargo, es pertinente preguntar ¿qué hacemos los ciudadanos desde nuestra esfera de responsabilidad para contribuir al restablecimiento del tejido social?

No se trata de que pretendamos hacer el trabajo de las autoridades. No señor. A los gobernantes los contratamos mediante nuestro voto para  que ellos se encarguen de hacer valer el Estado de Derecho.

Sin embargo, también nos corresponde predicar con el ejemplo.

Sabemos que es difícil, que son muchos los riesgos, pero la realidad es que la cultura de la legalidad está por los suelos, y ciertamente podríamos culpar de ello a los políticos, pero también es cierto que el buen juez por su casa empieza.

Desde  cuestiones aparentemente intrascendentes, como comprar piratería, pagar a alguien menos de lo que vale su trabajo, estacionarse en lugar prohibido. Negar ayuda al necesitado. Guardar silencio ante un abuso. Desde ahí comienza el problema…

Es cierto, con los avances de la tecnología nos llegan en apariencia nuevas libertades, de esas por las que muchos se están desgarrando las vestiduras. Pero, ¿en realidad estamos acompañando las libertades de mayor responsabilidad?

Esto viene a cuento por las famosas redes sociales. Podemos emprender auténticas campañas de odio desde el maravilloso y adictivo anonimato que nos brinda el ciberespacio, pero al final del día, detrás de ese ruido mediático, de ese bullicio de mensajes e imágenes, ¿cuántas propuestas emergen para resolver nuestros verdaderos problemas? ¿lo ha analizado con calma?

Podemos tener la más innovadora y civilizada legislación en materia de internet y redes sociales, como ha ocurrido en Brasil, donde se ha decretado un cuerpo de ley que salvaguarda la anhelada neutralidad del gobierno ante las libertades de los cibernautas, protegiendo su privacidad, pero… si estos avances no vienen aparejados de un cambio radical en materia de transparencia, valores y respeto a la legalidad, el mejor de los códigos no servirá absolutamente de nada.

Como ya lo señalamos anteriormente, los usuarios de internet nos hemos convertido en consumidores voraces de información, después de cada mensaje queremos más datos, más imágenes, más videos… A veces un tema no ha sido cabalmente concluido cuando aparece uno nuevo y le roba el foco de atención. La velocidad del debate cibernético es impresionante.

Y en este sentido, el gobierno debe cubrir su parte con responsabilidad. Informar, orientar, proteger. Lamentablemente, hay políticos que han aprovechado la coyuntura para hacerse publicidad gratuita a costa de la tranquilidad de los ciudadanos. Ponen el afán de notoriedad por encima de la responsabilidad pública a la que se ven obligados. Tenemos ejemplos lamentables de políticos que gobiernan para la pose, para ganar adeptos en Facebook y Twitter. Crean ejércitos de falsos seguidores que acosan y hostilizan a sus detractores, y que desde el anonimato arrojan confeti cibernético cada vez que su patrocinador publica alguna insensatez. Triste ejercicio de mezquindad política.

Los tiempos actuales reclaman que los ciudadanos seamos consumidores responsables de la información. Necesitamos participar de manera constructiva y coherente en los nuevos espacios de la opinión pública, porque al final del día, después de los ataques o de las porras, tendremos que seguírnosla arreglando con los problemas de nuestra cotidianidad.

Para construir ciudadanía en el mundo virtual, debemos comenzar por construirla en el mundo real.

Y en una asignatura tan delicada como la seguridad, la responsabilidad debe ir más allá de la defensa mezquina de intereses sectarios, de color o de grupo. Hay un interés supremo.

Parafraseando al célebre asesor de Clinton, James Carville:

¡Es el Estado, estúpidos!

Por el momento es todo. Agradezco sus comentarios y le espero de lunes a viernes en los espacios noticiosos de Informativo RG, a través de la 840 de AM para el Norte de Tamaulipas y el Sur del Valle de Texas, y en su página web: www.informativorg.com

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