LA LEY DE HERODES

by / Comentarios desactivados en LA LEY DE HERODES / 21 View / mayo 12, 2014

Por Miguel Ángel Isidro

-Pregúntenle a Graco…

No estoy seguro si esto ocurre en algún otro país del mundo ocurre lo mismo, pero en nuestro México, al señalar que algún asunto o situación “ya se politizó”, es sinónimo inequívoco de que ya se echó a perder, se pervirtió  o simplemente ha entrado en un callejón sin salida.  Que la cosa se fregó, que se la llevó el tren,  en suma.

Resulta curioso porque en estricto sentido, se supone que la política es el arte de resolver los problemas mediante la negociación, el debate, la discusión de altura de la cual debe emanar un acuerdo. Pero tristemente, en el imaginario colectivo, los términos “politización” y “la fregada”, parecieran compartir el mismo domicilio.

Nuestro país vive un momento extremadamente difícil en relación al tema de la inseguridad y el combate a la delincuencia organizada. Dos sexenios continuos de gobiernos panistas bastaron para evidenciar que el tema no era necesariamente de voluntad o de ver supuestas “caras nuevas” en el gobierno. Ni siquiera la militarización de las policías emprendida por Felipe Calderón fue suficiente para devolver la tranquilidad que paulatinamente fue desterrada de distintos puntos de la geografía nacional.

A casi un año y medio de gestión, la administración de Enrique Peña Nieto tampoco ha terminado de encontrar la cuadratura al círculo; a pesar de acumular a la fecha las aprehensiones de importantes jefes de la delincuencia, entre ellos un casi mítico “Chapo” Guzmán, la realidad es que los focos rojos no han dejado de parpadear en el tablero de Los Pinos con escenarios tan diversos y a la vez complejos como los que se desarrollan simultáneamente en Michoacán, Tamaulipas, Morelos, el Estado de México y Guerrero, por mencionar algunos casos.

Obviamente, esta situación genera un ambiente de elevada tensión social que es difícil de soslayar. Y es que en la coyuntura, las voces de los ciudadanos legítimamente preocupados por la inseguridad suele mezclarse peligrosamente con las de algunos actores políticos que buscan sacar raja de esta lamentable situación. Obviamente no es lo mismo ver los toros desde la barrera que desde la comodidad del palco del juez de plaza. Y en realidad, son pocos los actores que pueden presumir de vivir en carne propia la diferencia.

En los primeros días de mayo de 1998, el coronel Jorge Carrillo Olea se vio obligado a solicitar licencia para separarse del cargo de gobernador de su natal estado de Morelos, cuando apenas estaba por cumplir el cuarto año de su encomienda constitucional. La decisión derivó de una prolongada crisis de seguridad, que tuvo su apoteosis en un grave disparo en la incidencia de casos de secuestro, en los que, por si fuera poco, se revelaron contundentes evidencias de que hubo participación, por lo menos por omisión, no sólo de altos jefes policiacos, sino también del círculo compacto del ejecutivo estatal. En ese contexto el entonces gobernador Carrillo Olea había declarado que “no metía las manos al fuego por nadie”, ante las evidencias de que el procurador de Justicia Carlos Peredo Merlo y el jefe de la Policía Judicial del estado Jesús Miyazawa habrían brindado plena protección a una banda delictiva que operaba, para colmo de la paradoja, desde la oficina del comandante del Grupo Antisecuestros, Armando Martínez Salgado, quien había sido detenido junto con su estado mayor cuando pretendían abandonar en un paraje del estado de Guerrero el cadáver de un delincuente apodado “El Moles”. El fuego de la indignación social terminó por quemar no sólo las manos, sino la carrera política de Carrillo Olea, hasta entonces reconocido como uno de los más grandes expertos en seguridad nacional.

Uno de los factores que incidieron en la caída de Carrillo Olea fue la creación y movilización de la denominada Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos, que contaba entre sus cabezas visibles al perredista de origen tabasqueño Graco Luis Ramírez Garrido Abreu.

Desde esta tribuna, Graco Ramírez dio continuidad a su carrera política –iniciada en los movimientos de izquierda de finales de los sesentas- y ante los ojos de un importante sector de la sociedad morelense, se colgó la medalla de haber sido el causante de la defenestración del ex gobernador Carrillo Olea. Ese mismo impulso le permitió a Graco alcanzar cargos de elección popular durante los dos sexenios en que Morelos fue gobernado por el PAN, y finalmente, tras una modificación constitucional que permitió que ciudadanos no nativos de dicha entidad  pudieran ocupar el cargo, llegó a la gubernatura de Morelos en octubre de 2012.

La estancia de Graco Ramírez en la gubernatura morelense no ha sido sencilla. Bajo su gestión, explotó la espiral de violencia derivada de la disputa del territorio entre bandas rivales, entre ellas “Los Guerreros Rojos”, el Cártel del Pacífico Sur y algunas células afines a La Familia Michoacana. Y retornó, en el colmo de las calamidades, la incidencia de secuestros en la sureña entidad, un fantasma que en realidad nunca dejó de merodear por las tierras del General Zapata, ni siquiera tras la caída del ex gobernador priista Carrillo Olea.

Algo que ha llamado la atención de propios y extraños es el hecho de que quienes ahora reclaman airadamente al gobernador Graco Ramírez su falta de compromiso con la seguridad no son, como se pudiera creer, sus rivales priistas y perredistas, lo que podría resultar lógico; sino que son precisamente sus ex compañeros de la Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos que, ante la gravedad del estado de cosas que se vive en la entidad, decidieron reagruparse y exigir a su ex camarada y actual gobernador que devuelva la paz a Morelos o que si no puede, que mejor se devuelva a residir en su natal Villahermosa, Tabasco.

Al calor de la inconformidad contra Graco, también se dio el lujo de reaparecer el ex gobernador Carrillo Olea, quien en entrevistas periodísticas ha revelado que más allá del impulso de los movimientos sociales y del juicio político al que fue sometido, su caída fue un acto de revancha política del ex Presidente Ernesto Zedillo, con quien nunca tuvo simpatía, al grado de aseverar que desde Los Pinos se dio apoyo logístico y financiero a los grupos sociales que terminaron por derrocar al gobernador. Por cierto, el doctor Zedillo, desde la comodidad de su residencia permanente en el extranjero, nunca se ha vuelto al pronunciar al respecto, aunque todavía se recuerda un encendido discurso, pronunciado a los pocos meses de la salida de Carrillo Olea, donde hizo referencia a que se había expulsado de Morelos “a las ratas inmundas”. Así de llevaditos…

Por eso, si persiste la inquietud de saber por qué el problema de la inseguridad y la violencia no se ve con los mismos ojos desde el escenario político que desde la responsabilidad gubernamental, en el Palacio de Gobierno de Morelos podríamos encontrar la respuesta…

¡Pregúntenle a Graco!

Por el momento es todo. Agradezco sus comentarios y le espero de lunes a viernes en los espacios noticiosos de InformativoRG, a través de la 840 de AM para el Norte de Tamaulipas y el Sur del Vale de Texas, así como en su página web: www.informativorg.com

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