LA LEY DE HERODES

by / Comentarios desactivados en LA LEY DE HERODES / 23 View / mayo 23, 2014

Por Miguel Ángel Isidro

-La juventud, asignatura pendiente…

Esta semana, los espacios periodísticos dedicaron amplia cobertura al fenómeno del acoso escolar, que de un tiempo a la fecha es definido como “bullying”, habida cuenta de los lamentables sucesos que derivaron en la muerte de un joven estudiante de secundaria en la ya de por sí atribulada Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas.

Debo señalar que en lo personal me choca abusar de los anglicismos, pero me encontré con una situación que podríamos calificar incluso como vergonzosa.

Y es que resulta que en el idioma español, no existe un término que sintetice en una expresión concreta esta conducta social, que no sólo incluye la violencia física, sino la emocional, el hostigamiento, el racismo y la discriminación en todas sus expresiones.

Por supuesto que el bullying no es algo nuevo; probablemente existe desde que se creó la primera institución educativa, o probablemente antes.

Es parte de la condición biológica del ser humano la tendencia a competir, a sojuzgar al débil. La selección natural hace que las especies animales compitan a través de la fuerza para garantizar la sobrevivencia, el alimento y la reproducción. Sin embargo, en el género humano entra en juego motivaciones de tipo emocional que tornan esta condición en un asunto mucho más complejo y difícil de afrontar.

Algo que ha llamado la atención ha sido la airada reacción de la sociedad en torno al caso del menor Héctor Alejandro, fallecido a causa de lesiones provocadas por cuatro de sus compañeros. Hay quienes han propuesto castigar con todo el rigor de la ley a los irresponsables adolescentes que privaron de la vida a su compañero; sin embargo, no se ha reparado en señalar que casos como el que nos ocupa se han reproducido desde hace años a lo largo y ancho del país.

La juventud mexicana carece de atención institucional por parte del Estado. Si bien existen organismos y programas destinados a este sector, lo cierto es que sus alcances son limitados, y muchos de ellos son meros anzuelos de la vergonzosa política clientelar diseñada por nuestro anquilosado sistema partidista, en los que se busca simplemente cooptar cuadros y recurso humano para el desarrollo de campañas políticas o actividades propagandísticas disfrazadas de “programas sociales”.

Por otra parte, la falta de oportunidades ha convertido a los jóvenes mexicanos en carne de cañón de grupos y personas que con sus acciones lesionan a nuestra sociedad. El Estado mexicano no ha logrado garantizar a los jóvenes acceso pleno a oportunidades de crecimiento educativo, cultural, laboral y de valores. Pareciera que en México, el ser joven y ser pobre constituye un pasaporte directo a la segregación.

Desde hace varios años se ha polemizado, por ejemplo, sobre la idea de que el disminuir la edad penal podría contribuir a inhibir las conductas delictivas y antisociales por parte de los jóvenes. Hay quienes se han manifestado a favor de que a partir de los 16 años se pueda sujetar a las normas penales a quienes cometen un delito. Craso error.

Los jóvenes son los menos culpables de la lamentable realidad que están enfrentando. En conjunto, como sociedad hemos fracasado en la construcción de las oportunidades y garantías que  merecen las nuevas generaciones para su sano crecimiento y desarrollo.

Adicionalmente, los jóvenes que por necesidad o motivación personal buscan insertarse en el mercado laboral antes de los 18 años, enfrentan condiciones de abuso, explotación y falta de garantías legales. Como si para muchos de ellos el trabajo fuera una cuestión de preferencia. No son pocos los hogares mexicanos en los que niños y niñas de 13 a 17 años son los responsables de llevar el sustento a sus familias, sobre todo cuando se dan casos de familias con madres solteras o padres ausentes. Todos conocemos alguna historia de vida en dichas condiciones.

A estas alturas, resultaría importante revisar las políticas de atención a la juventud, e impulsar programas que fuera de toda hipocresía e interés clientelar permitan a los jóvenes tener acceso pleno a la educación, la salud y a oportunidades laborales.

Habría que crear un sistema de estímulos que premie de manera ejemplar a esos niños y niñas que estudian y trabajan,  y evitar que el trabajo adolescente se siga desarrollando en la clandestinidad, con los abusos y riesgos que ello implica. Que se realice una labor de trabajo social para verificar por qué hay niños que están trabajando, evitar que por ello abandonen la escuela y en los casos en que por insolvencia o irresponsabilidad de sus padres no tengan otra opción, arroparlos con un sistema especial de seguridad social que evite que sean víctimas de abusos y engaños de parte de sus empleadores. No podemos seguir en un mundo de fantasía, el trabajo infantil y adolescente es una realidad; debemos abordarlo con responsabilidad y sin la doble moral que caracteriza a nuestras autoridades.

¿Cuántas tragedias más deben ocurrir para que nuestras autoridades caigan en cuenta del irreparable daño sistémico que genera a nuestra sociedad la falta de políticas públicas que atiendan de manera real y efectiva las necesidades de los niños y jóvenes? ¿O acaso sólo les interesa atender a quienes tienen la edad suficiente para ser acarreados a una casilla electoral?

Tomémoslo en serio. No solo es el bullying lo que están enfrentando nuestros niños y jóvenes. Hemos generado un sistema corrupto e ineficiente que los pone en desventaja ante la vida antes de alcanzar la mayoría de edad. Eso debe ser resuelto de forma inmediata y urgente.

¿Cuántas generaciones más queremos perder?

Es pregunta, que conste.

Por el momento es todo. Agradezco sus comentarios, y le espero de lunes a viernes en los espacios noticiosos de Informativo RG, para el Norte de Tamaulipas y el Sur del Valle de Texas, a través de la 840 de AM y de su página web: www.informativorg.com

Correo electrónico: miguelangelisidro@hotmail.com

Twitter: @miguelisidro