LA LEY DE HERODES

by / Comentarios desactivados en LA LEY DE HERODES / 40 View / abril 28, 2014

Por Miguel Ángel Isidro

El gran chantaje de Acción Nacional

Como nunca en la historia política del país, el Partido Acción Nacional (PAN) ha logrado acaparar la atención de la opinión pública del país en torno al proceso interno que se desarrolla con miras a la renovación de su Comité Ejecutivo Nacional.

Tradicionalmente institucionales, las huestes panistas han sabido equilibrar el manejo de su vida interna bajo la lógica política de que la ropa sucia es mejor lavarla en casa.

A lo largo de sus 75 años de vida como instituto político, el PAN se ha caracterizado por ser un partido de grupos, y no de masas; y de cacicazgos más que de movimientos.

En sus orígenes, el partido creado bajo el liderazgo de Manuel Gómez Morín constituyó la respuesta de la derecha mexicana al crecimiento y paulatino empoderamiento de las organizaciones sindicales y campesinas de corte socialista que al tiempo darían lugar al nacimiento del Partido Revolucionario Institucional. El otrora Partido Nacional Revolucionario logró dominar los ímpetus izquierdistas de las organizaciones campesinas y obreras de las primeras décadas del siglo pasado, y las transformó en organismos sectorizados cuyo crecimiento fue controlado a través del corporativismo y la política clientelar.
En sus orígenes, Acción Nacional nace como un proyecto concebido para proteger los intereses de la burguesía posrevolucionaria, y para ello abrevó de movimientos de derecha como el sinarquismo, que vinculaba la defensa de la propiedad privada, la religión católica y el patriarcado, y que logró un importante crecimiento en la región del Bajío, como clara secuela del movimiento cristero.

Al consolidarse como partido político, los creadores y dirigentes del PAN entendieron que para mantener el control político de su partido, era importante crear un cuerpo doctrinario que garantizara la lealtad de sus integrantes. A raíz de ello, establecieron un mecanismo de afiliación que establece filtros para la plena aceptación de quienes aspiran a su militancia.

Es por ello, que a la fecha, al estilo de las cofradías religiosas, prevalece la segregación de sus bases, con la existencia de las categorías de “miembros activos” (aquellos que tienen plenitud de derechos y facultades como militantes) y “miembros adherentes” (aquellos que están afiliados, pero que no tienen voto efectivo en sus asambleas internas).

Los panistas siempre han logrado sacar adelante con gran disciplina institucional sus procesos internos. Tal vez la única excepción se dio a inicios de los noventas, con la renuncia pública de los integrantes del auto denominado Movimiento del Foro Democrático y Doctrinario, encabezado por Pablo Emilio Madero, quienes manifestaron su inconformidad ante lo que calificaron como un “antidemocrático e indebido acercamiento” de su dirigencia nacional, entonces encabezada por Luis H. Álvarez, con el priísta de Carlos Salinas de Gortari.

Durante más de sesenta años, Acción Nacional supo conducir su papel de partido opositor sin aparentes sobresaltos en su vida interna. Con su llegada al poder presidencial en el año 2000, de la mano del controvertido ex gobernador de Guanajuato Vicente Fox Quesada, sobrevino un crecimiento inusitado de su membresía, que a la postre detonó su primera gran crisis interna.

Al amparo del denominado “efecto Fox” y de la desmesurada apertura del blanquiazul a candidaturas externas -que en muchos casos, sólo buscaban disimular la evidente ausencia de cuadros emergentes que resultaran atractivos para el electorado- de la noche a la mañana Acción Nacional sorprendió a propios y extraños, al recibir el nuevo milenio con una importante cantidad de cargos de elección popular obtenidos bajo sus siglas. Sin embargo, esta inusitada “ola azul” casi termina por ahogar a los grupos hegemónicos del panismo, pues muchos de los cuadros que llegaron a alcaldías, gubernaturas, legislaturas locales y federales, no sólo desconocían los elementales principios de la doctrina de humanismo político del partido, sino que en la práctica exhibieron conductas más retrógradas que las del priismo autoritario en su esplendor. De estos casos hay varios botones de muestra, como los casos tristemente célebres del ex gobernador de Morelos Sergio Estrada Cajigal y sus desfiguros a bordo del “helicóptero del amor”; el ex diputado Francisco Solís Peón (popularmente conocido como “Pancho Cachondo”; o bien el fallecido ex alcalde de Tultitlán, Estado de México José Antonio Ríos Granados, famoso por producir una película a costillas del erario para cumplir su sueño de alternar con la sensual actriz Lorena Herrera; o qué decir del escándalo desatado en el municipio de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, donde el edil de filiación panista José Antonio Domínguez Zambrano se vio seriamente involucrado en el asesinato de la regidora María de los Ángeles Tamez en 2002, caso que lo llevó a estar tres años en la cárcel y del cual resultó exonerado en forma por demás sospechosa.  Y docenas de expedientes y personajes por el estilo…

La dolorosa lección para el panismo fue suficiente para retomar los razonamientos de uno de sus grandes ideólogos, el siempre bien recordado Carlos Castillo Peraza. “No tiene caso ganar el poder si a cambio terminamos perdiendo el partido”, sentenció con sabiduría el ex dirigente nacional panista. Mejor pocos y disciplinados que muchos fuera de control.

Y entonces se emprendió la purga, a través de reiterados procesos de afiliación y reafiliación, del más reciente de los cuales, paradójicamente, declinó de participar Vicente Fox Quesada, el fenómeno de popularidad que llevó al PAN al poder y que sacó al PRI “a patadas de Los Pinos”.

El actual proceso que desarrolla en PAN en la renovación de su dirigencia nacional no debiera interesar ni ocupar a nadie más que a los propios miembros “activos” y “adherentes” del partido blanquiazul. Sin embargo, la cantidad de golpes bajos, descalificaciones y diatribas que se han proferido los grupos en pugna, los han llevado a acaparar de manera reiterada los titulares de los medios nacionales de comunicación.

Y más aún: han cifrado en su proceso interno la expectativa misma del destino que tomará la agenda nacional, ya que se da por sentado el hecho de que la reelección de Gustavo Madero Muñoz representaría la posibilidad de refrendar una alianza de facto con la administración del Presidente Enrique Peña Nieto bajo un esquema de “co-gobierno”, mientras que otros afirman que si Ernesto Cordero Arroyo alcanza la posición número uno del CEN panista, la ruptura con el régimen priista sería inminente. ¿Vaticinio o estrategia?

El pleito interno de Acción Nacional mantiene prácticamente secuestrada en estos momentos la agenda del Poder Legislativo Federal, a pesar de la urgente resolución de las leyes secundarias emanadas del paquete de doce reformas estructuradas alcanzadas por consenso entre el gobierno federal y las fuerzas políticas en 2013 a través del ya fenecido Pacto por México.

El PAN está urgido de una contundente resucitación política, habida cuenta de los descalabros electorales que lo llevaron a perder la Presidencia de la República y caer hasta el tercer lugar como fuerza política nacional.

Paradójico: en lo que pudiera parecer su momento de mayor fragilidad política, el PAN vuelve a tener la sartén por el mango en el escenario político nacional. ¿El escenario rupturista es real o inducido? ¿Habrán encontrado los panistas la fórmula para retomar el rumbo a través del chantaje político?

La respuesta está a la vuelta de la esquina, el 18 de mayo, en la elección del presidente del Comité Ejecutivo Nacional.

Veremos y comentaremos.

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