OPINIÓN ECONÓMICA

by / Comentarios desactivados en OPINIÓN ECONÓMICA / 19 View / mayo 3, 2017

Por: Dr. Jorge A. Lera Mejía
– “Urge una cultura para La Paz”
Recién terminé de impartir mi curso de Comunicación Política, a estudiantes del último nivel del doctorado en Administración Pública de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UAT. Tuve el honor de compartir experiencias con siete excelentes alumnos que colaboraron con sus propios ensayos individuales.
Dentro de los trabajos finales, la alumna Karina de Alejandro, sobresalió con su investigación sobre sus trabajos encaminados hacia buscar para Tamaulipas, una cultura por La Paz. Con su venía y permiso, el día de hoy publicaré parte de sus conclusiones de este magnífico trabajo.
Esta colaboración se pública en especial el día de hoy, ante el triste panorama mundial, nacional y regional, que en particular se informó hoy por el Semáforo Deluctivo del País, que el mes de marzo fue el más violento en México, desde el año 1997 que se registran estas estadísticas.
Ayer publiqué en mi columna, mi nota denominada “Época violenta mexicana”, donde ya me adelantaba yo en mencionar los hechos noticiosos de ayer, donde me sacudió mi sentido de la tolerancia, mi capacidad de asombro y mi margen de sorpresa, lo que no me debe permitir perder el sentido de enojo y frustración.
Me refiero en particular al asalto a una familia en la carretera México Puebla, donde fueron violadas Madre e Hija, y asesinaron brutalmente a un menor inocente de solo dos años.
La barbarie humana mostrada con ese evento, tiene a toda la sociedad nacional unida contra la violencia sin retorno, que ya no tiene ningún respeto y rubor con los más elementales principios y valores humanos.
Además, cito aquí los hechos violentos que en Reynosa ayer, se volvieron a suscitar desde la madrugada, con lo que se tiene secuestrada toda la comunidad en manos de un puñado de delincuentes. Qué más podemos esperar que nos pase a los tamaulipecos y mexicanos, que no sea perder nuestra paz y derecho a trabajar para vivir en sana convivencia?
Ante esos antecedentes, mi alumna del doctorado citado, concluye su excelente disertación “Por una cultura por La Paz en Tamaulipas”, con las siguientes expresiones:
(…) Educar para la democracia participativa y para el conflicto social no es un proceso metodológico escolarizado, sino que es comunitario, social y vivencial.

Eso por un lado, mientras que en contraparte, las autoridades y demás responsables en la conformación y ejecución de las políticas públicas, deberán seguir el consejo de Kooiman (1993): “Un gobierno que no escucha a una variedad de actores es incapaz de atender un problema complejo y darle buena solución”.

Pero la pregunta sigue siendo: ¿Cómo se podrá construir la Paz en Tamaulipas?… Por lo anterior, es prioritario sentar las bases de acciones vinculadas con la no violencia para que las personas y los grupos sociales transformen las situaciones presentes de violencia hacia una convivencia social pacífica, comprendiendo la  importancia que tiene de la supremacía del desarrollo sostenible  ante  la individual (Kant, 1795).

Aún cuando la educación para la paz se dé principalmente en la escuela y en otros contextos de aprendizaje, sería provechoso que se pongan en juego estrategias que promuevan la participación de toda la comunidad; en donde vemos que la ‘educación’ constituye sin lugar a dudas, el instrumento más valioso para construir la cultura de paz pero, a su vez, los valores que ésta inspira deben constituir fines y contenidos básicos de tal educación como un eje transversal curricular.

Cultura de Paz y educación mantienen así una interacción constante, porque si la primera es la que nutre, orienta, guía, marca metas y horizontes educativos; la segunda es la que posibilita, desde su perspectiva ética, la construcción de modelo (Tuvilla, 2004).

En tanto, educar para la paz es una estrategia permanente; comentaba Lederach (1983, p. 45) en un texto clásico, que los problemas, crisis, conflictos y violencias que padecemos hoy en día a nivel mundial, nos exigen no sólo una respuesta, sino una responsabilidad y la capacidad de buscar alternativas. Educar para la paz no es una idea utópica, es tan realista y responsable, que debe convertirse en estrategias de desarrollo humano.

Por eso, el reto del Tamaulipas de hoy es pensar en una Estrategia para la Paz  como en un conjunto de acciones sustentadas en la ciencias sociales que se lleven a cabo para lograr la reconstrucción del tejido social; lo que conlleva una planeación estratégica regional donde las intervenciones deben responder a las necesidades que se determinen a partir de un diagnóstico profundo (que incluiría la actualización de la información en materia socio-económica, así como en torno a la seguridad), cuyas acciones se vayan conformando ante las necesidades del contexto y sean inmediatas, intermedias y de largo plazo.

La fortaleza del tejido social es sinónimo de solidaridad y de respeto a los derechos humanos de todos los habitantes de Tamaulipas… De ahí que las estrategias para lograrlo deben generar las condiciones necesarias para construir una comunidad que propicie desde la lógica del bienestar, el desarrollo humano de cada uno de sus integrantes (…) Fin de conclusiones. Karina de Alejandro. FDCS-UAT. Abril 2017.

Sin duda, estas reflexiones de mi alumna, seguirán siendo estudiadas por ella y el resto de los alumnos del doctorado en Administración Pública, que en el Segundo Congreso Internacional Desigualdad Social, Económica y Educativa del Siglo XXI, del 1 al 15 de noviembre de este año, serán publicadas.

Voto por qué más jóvenes tamaulipecos se interesen en estos temas y se sumen a encontrar soluciones propias de este flagelo de la inseguridad y la violencia, de esos jóvenes los maestros nos alimentamos para superarnos…