PALACIO

by / Comentarios desactivados en PALACIO / 6 View / octubre 30, 2019

Por: Mario Díaz

 Sin luz al final del túnel

-Guerra y paz, malos antídotos

-Cunde el mal ejemplo sinaloense

-Asombra el optimismo de López Obrador

LO dicho. Tal parece que ni la guerra frontal ni el amor y paz son las fórmulas adecuadas para detener la violencia que se padece en gran parte del territorio nacional.

A juzgar por los resultados, ni la orden de FELIPE CALDERÓN HINOJOSA que sacó a los militares de sus cuarteles, ni el repliegue ordenado por ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, han logrado inhibir las acciones del crimen organizado.

Durante el “calderonato” fueron comunes los enfrentamientos entre las fuerzas federales y células de los cárteles de las drogas, sin que la acción del gobierno panista haya logrado controlar la situación y ofrecer la seguridad que tanto anhela la sociedad azteca.

Durante los once meses del “lopezobradorismo” los resultados no son nada halagadores y, por el contrario, el crimen organizado ha encontrado una nueva forma para evadir la acción de la justicia.

Lo ocurrido en Culiacán, Sinaloa, es un episodio nuevo en la historia del México moderno, sin que quiera decir que no existan antecedentes similares en el combate a los grupos delictivos.

Sin embargo, la forma de claudicar y el reconocimiento del Gabinete de Seguridad en el gobierno de la Cuarta Transformación hacen la diferencia.

Y, peor aún, porque el ejemplo del narco sinaloense tiende a extenderse a otras latitudes de la geografía mexicana, durante operativos para localizar y detener a cabecillas de distintas células del narcotráfico.

En el municipio Salvador Escalante, Michoacán, alrededor de 50 sicarios fuertemente armados impidieron el arresto de su líder apodado “EL Camaleón”, quien ordenó quemar casas-habitación, vehículos y colocar barricadas.

Agentes estatales michoacanos decidieron suspender el operativo, para impedir mayores daños físicos y materiales en contra de la población civil.

El informe policial indica que “El Camaleón” lidera un grupo del crimen organizado que controla los municipios Salvador Escalante, Pátzcuaro y La Huetama, allá en la región conocida como Tierra Caliente, en el estado de Michoacán.

Apenas el pasado 14 de octubre, en el municipio Aguililla, de esa entidad federativa, sicarios fuertemente armados y a bordo de vehículos blindados emboscaron un convoy integrado por agentes estatales, asesinando a 13 elementos.

Independientemente de responsabilidades y causales del grave problema de inseguridad y violencia, lo único cien por ciento real es que el combate frontal y “el amor y paz” no son los antídotos necesarios para someter al crimen organizado.

Llama la atención el optimismo y seguridad con que el presidente LÓPEZ OBRADOR afirma que la pacificación se reflejará durante su sexenio, con todo y que “se acabó la guerra”.

En Ixmiquilpan, estado de Hidalgo, también salta a la vista la impunidad con que opera el llamado Cártel de Jalisco Nueva Generación. Mediante mantas exigen a las policías estatal y municipal que se mantengan al margen de la “limpia” de delincuentes que están realizando en esa municipalidad.

Es innegable que ese grave problema que enfrenta el país no nace en la Cuarta Transformación. Sin embargo, también es una verdad de a kilo que en ese escabroso tema no se ve la luz al final del túnel.

En Guanajuato, por ejemplo, no se ve cómo le hará el gobierno Federal para localizar y detener a quien encabeza el “Cártel de Santa Rosa”, apodado “EL Marro”.

Con algunas válvulas cerradas que evitan el robo de combustible, el sujeto de marras mantiene asolado a empresarios y comerciantes, mediante el cobro por “derecho de piso”.

A pesar de los pesares, no queda otro remedio más que confiar en el optimismo del presidente ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR para lograr la pacificación en el país.

Y hasta la próxima.