Victoria y Anexas

by / Comentarios desactivados en Victoria y Anexas / 21 View / enero 6, 2017

Por Ambrocio López Gutiérrez

-JUÁREZ SÍ TENDÍA SU CAMA-

Salimos de Victoria después de desayunar, enfilamos por la carretera a Monterrey, pero en Linares tomamos por la ruta de San Roberto que nos llevó a la autopista que tomamos para llegar a Saltillo donde comimos unos tacos dorados y le seguimos hasta Torreón donde nos esperaba la tía Jovita con sus más de noventa años en la espalda y acompañada de su numerosa prole lagunera.

Estaríamos pocos días en le región así que el día siguiente cruzamos los límites de Coahuila y Durango, recorrimos parte del desierto y llegamos a Mapimí pueblo mágico donde nos enteramos que Santa Rita es la patrona de las mujeres engañadas (yo creía que de las golpeadas porque a ella, dicen que el marido le daba tremendas palizas que, a la larga, la elevaron a los altares.

En la misma población visitamos un local habilitado como un pequeño museo porque ahí durmió el Cura Miguel Hidalgo luego de que lo atraparon y lo trasladaban hacia el lugar de su juicio y ejecución; luego me tomé una foto frente al remozado Palacio Municipal donde los albañiles siguen haciendo magia con sus andamios, niveles, llanas y cubetas llenas de mezcla.

En nuestra visita a la parroquia del referido pueblo mágico duranguense nos enteramos también que su antiguo santo patrono, El Señor de Mapimí, ya no se encuentra en ese lugar pues se lo prestaron al pueblo de Cuencamé, pero al tratar de regresarlo hubo vicisitudes que se tomaron como señales divinas y se optó por dejarlo donde, quizás, estaba más a gusto.

Por segunda vez visitamos, durante las recientes vacaciones decembrinas, el museo de Mapimí, que también está en obras gracias a la magia de los recursos de la Secretaría de Turismo del gobierno federal, lo recorrimos en una hora porque es sólo una vieja casona de dos plantas y la parte alta está dedicada a Don Benito Juárez ya que los notables de ese pueblo lo recibieron cuando iba hacia Ciudad Juárez a bordo de su famoso carruaje y con todo el archivo de la nación.

Me tomaron una fotografía en la recámara donde durmió Benito Juárez y se la envié a varios amigos a quienes les gustó la imagen y la austeridad del mobiliario, pero mi compañero Reynaldo, que es muy observador, me escribió diciendo: “se nota que el Benemérito de las Américas sí sabía tender la cama”; saliendo del museo fuimos a comprar el sabroso pan de pulque.

En la tercera jornada lagunera visitamos el hogar de Conchita y Arturo, los primos que organizaron un agasajo gastronómico que fue dedicado a su madre Jovita y a su tía Mere con la asistencia de Guillermo, Salvador, Enrique, Leticia y algunos de sus hijos con los que compartimos horas de esparcimiento ya que, al mediodía, nos despachamos un rico pozole y en la noche unos tamales laguneros.

Los sobrinos Lety y Arturito demostraron talento artístico para cantar y tocar la guitarra, respectivamente, ya que se lucieron interpretando a Shakira, Joan Sebastian, José Alfredo Jiménez, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat y, a petición de las tías abuelas, se ejecutaron “Mi cárcel”, de Marco Antonio Solís, el famosísimo “Buki”.

Durante el cuarto día del viaje lagunero nos desplazamos a Parras de la Fuente, otro pueblo mágico donde se producen muchas uvas y nueces como lo comprobamos en la visita a las bodegas de la Casa Madero ubicadas en el casco de la hacienda que fue fundada hace más de 400 años, además, tienen una preciosa capilla que es visitada a diario por turistas y lugareños.

Ya en la plaza principal de Parras pudimos ver el Palacio Municipal construido de cantera rosa como la sede del gobierno estatal que está en Saltillo pues dicen que cuando era gobernador el profesor Óscar Flores Tapia quien, al igual que el tamaulipeco Enrique Cárdenas González, pertenecía al pequeño grupo de ejecutivos estatales consentidos del presidente Luis Echeverría Álvarez, que eran llamados Los Jinetes del Apocalipsis, prefería despachar en este pueblo mágico.

Luego de visitar establecimientos comerciales, comprar algunos recuerdos y golosinas y comer deliciosamente en un restaurante típico de Parras, nos dirigimos a las afueras del pueblo para contemplar la capilla del Señor del Madero ubicada en lo alto de un cerro que se ha convertido en un centro de peregrinación de cientos de creyentes de la región y de otras entidades del norte de México.

El quinto día tomamos carretera de regreso a Tamaulipas y con toda tranquilidad nos deslizamos por la autopista de Torreón a Saltillo y, en la capital coahuilense, compramos una bolsa del famoso pan de la región; el tramo de San Roberto, de carretera estrecha, estuvo de lo más tranquilo y, cuando llegamos a Linares y vimos la flecha señalando hacia Ciudad Victoria, se me alegró el corazón.

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